Dulces y pastelerías de Japón: pequeños momentos que no se olvidan
Hay algo que siempre busco cuando viajo a Japón: un sitio tranquilo donde sentarme, pedir algo dulce y observar. Puede ser después de visitar un templo, tras perderme por una callecita o simplemente para descansar del ritmo del día. Y casi siempre, ese momento acaba en una pastelería o en un salón de té.
Los wagashi, los dulces tradicionales japoneses, fueron de las primeras cosas que probé. Recuerdo un mochi acompañado de té matcha en un pequeño salón de té, silencioso y acogedor, donde todo invitaba a bajar el ritmo. Son dulces suaves, nada empalagosos, y muchos cambian según la estación, algo que en Japón se cuida muchísimo.

Otro de mis grandes descubrimientos fue el castella (o kasutera). Un bizcocho sencillo, esponjoso, sin artificios, que parece humilde pero que acaba enganchando. Lo probé por primera vez casi por casualidad, en una cafetería pequeña, y desde entonces siempre busco una excusa para repetirlo, ya sea con café o con té.

Japón también está lleno de pastelerías modernas y cafeterías preciosas donde la repostería occidental se mezcla con sabores japoneses: cheesecakes ligeros, tartas de matcha y dulces que parecen pensados para disfrutarlos con calma. Muchos de estos lugares funcionan casi como refugios del viaje, perfectos para sentarte, mirar por la ventana y dejar pasar el tiempo.

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Porque a veces, lo que más se queda de un destino es ese momento dulce que no esperabas 💛
